• Raspando coco (trailer) y los mitos y verdades sobre el aceite de coco

    December 4, 2016

    La paciencia tiene su recompensa: tenemos documental! #RaspandoCoco ya tiene trailer y pronto estará lista la tan esperada película del #coco. Gracias a todxs quienes contribuyeron de mil maneras a la realización de este proyecto. Tenemos la suerte de contar con la genialidad de Yaima Pardo LaRed de Estudios Creactivo, quien se encuentra ahora mismo trabajando en la post-producción de la película. Aquí un avance de lo que será el documental!

    Este documental es una invitación a valorar los conocimientos y productos locales y también a tomar conciencia de los impactos de la popularización incluso a escala global, de alimentos tradicionales como el coco. A medida que el aceite de coco se comercializa cada vez más en las ciudades de Ecuador (y del mundo), sus beneficios se vuelven más conocidos, pero a la vez se difunden ideas erradas sobre sus propiedades.

    La industria del aceite de coco a nivel mundial ha ingeniado etiquetas de diversa índole para promocionar este producto. Se han vuelto populares las denominaciones de aceites y mantecas de coco y de cacao “de primera prensada,” “prensado en frío” (cold pressed en inglés) o “crudo” (raw en inglés). Considerando las propiedades químicas del aceite de coco, estas etiquetas no corresponden con la realidad ya que utilizan una definición arbitraria de “frío”, como se explica a continuación. Además, afirmar que el aceite de coco es “prensado en frío” es contradictorio ya que estas grasas requieren calentarse para extraerse eficazmente de las semillas que las contienen. 

    De hecho, el aceite de coco ha sido elaborado y consumido hace miles de años por millones de personas haciendo un uso eficiente del calor. Este es el caso del aceite de coco esmeraldeño, el mismo que tradicionalmente se prepara rallando el coco, licuándolo con agua o exprimiéndolo para extraer la leche o zumo de coco. Se completa el proceso cocinando el zumo de coco hasta que el agua se evapore por completo y los sólidos finalmente se separen de la grasa que los contiene.

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    Entonces ¿de dónde sale y qué significa la denominación  “prensado en frío”? Esta es una definición arbitraria que usa la industria a nivel internacional para indicar que en su proceso de extracción, el producto “no supera los 50 grados Centígrados.” Si 50 grados C, una temperatura ambiente tan alta que el cuerpo humano no puede resistir, se considera “frio,” hay que cuestionarse la veracidad de esta terminología. Si bien 50 C es inferior a la temperatura de cocción, el producto requiere ser calentado, no enfriado, relativo a la temperatura ambiente para su procesamiento.

    El aceite de coco, se compone de ácidos grasos saturados en su gran mayoría (93%), de los cuales casi un 70% son de cadena media, en particular, el ácido laurico, que es la principal propiedad que aporta el aceite de coco, desde un punto de vista nutricional. Los ácidos grasos saturados son térmicamente estables, es decir no se oxidan con la aplicación del calor. Por lo tanto no tiene ningún sentido o propósito proteger al aceite de coco del calor. Precisamente por esta razón es el aceite más recomendado para cocinar, pues el calor no afecta su composición química.

    Muchos alegan que proteger al aceite de coco del calor supuestamente preserva sus “anti-oxidantes naturales.” Esta aseveración también es cuestionable. Por ejemplo, este estudio publicado en la revista científica “Food Chemistry” en el año 2009, encontró una mayor densidad de fenoles con efecto anti-oxidante en el aceite de coco cocinado (caliente) comparado con el aceite de coco centrifugado (frío). El método de prensado que utilizan en el segundo caso efectivamente ENFRIA la leche o zumo de coco (a una temperatura de 10 C) para separar el líquido de la crema, y luego procede a centrifugarlo. Por supuesto este método no es nada eficiente desde un punto de vista industrial y económico, por lo que no se encuentran en el mercado aceites propiamente extraídos en frío.

    Aquí un fragmento de los resultados del estudio que indican, a diferencia de lo que se piensa y lo que se ha comprobado para otros aceites como el de oliva, que el contenido de fenoles anti-oxidantes es MAYOR en aceites de coco cocinados que extraídos en frio.

    “In the cold extraction method, the phenolic substances are not properly incorporated into coconut oil due to the mild temperature conditions that are used in the cold extraction. However, in the hot extraction method the temperature of the coconut milk emulsion reaches above 100 °C. The concentration of the phenolic substances increases when the water in the emulsion evaporates during the hot extraction process. Higher phenolic concentrations and higher temperatures favour the incorporation of more phenolic substances into coconut oil.”

    En resumen, aquellos aceites de coco de distintas marcas que han hecho su reciente aparición en tiendas naturistas, ferias agroecológicas, y otras localidades citadinas en los últimos años, no son mejores, desde un punto de vista nutricional, que los aceites de coco tradicionalmente preparados, es decir cocinados. Sin duda estos nuevos productos tienen una excelente calidad, su aroma es distinto al del aceite de coco tradicional–éste último tiene un característico olor a coco tostado. Su textura y color también son distintos–destacan la “blancura” y lo cremoso de los aceites modernos. Pero no superan, nutricionalmente hablando, al tradicional y milenario aceite de coco, tal y como se lo ha venido preparando en los distintos rincones del trópico global, incluyendo la costa sudamericana del Pacífico, el Caribe, el subcontinente Indio, las islas del pacífico occidental (Sudeste Asiático y Oceanía), entre otros.

    Aún más, las etiquetas “raw,” “extra virgen” y “prensado en frío,” en cuanto a aceite de coco y cacao se refieren, crean confusión entre los consumidores y a la vez desvirtúan el valor que tienen alimentos tradicionalmente preparados. Estas sofisticadas denominaciones conducen a pensar que los aceites de coco cocinados, calentados u otros que no tienen estas etiquetas son menos saludables o dañinos. Por ejemplo en Filipinas, donde la gente hace su propio aceite de coco para uso doméstico, los aceites de coco importados de los Estados Unidos con las etiquetas “virgen” o “prensado en frío” que se han empezado a ofertar hace poco en supermercados allí, no tienen ninguna acogida. El motivo: Filipinas tiene una larga tradición de uso y elaboración de productos de coco; allí la gente lleva elaborando y usando el aceite de coco cocinado por generaciones. Encontrar de repente sus alimentos tradicionales rebautizados con otros nombres y en idioma inglés en los supermercados, no llamará mucho su atención por comprarlos, sobre todo si son más caros.

    La popularización del aceite de coco ha hecho que cientos de personas en las ciudades conozcan y prueben sus beneficios, especialmente quienes pensaban equivocadamente que el coco y su aceite es dañino para la salud. Sin embargo, en general hay mucha desinformación entre los nuevos consumidores sobre este y otros alimentos antes desconocidos para los habitantes de la ciudad. ¿Quién no conoce amigos o familiares que han incurrido en costosas pero fallidas dietas, o han gastado dinero en productos de dudosa efectividad dejándose llevar por mensajes que se difunden sin ningún fundamento en el internet? Una de las últimas estafas en quedar al descubierto es el caso de los productos Herbalife, para quienes no lo vieron, aquí el reportaje de John Oliver al respecto.

    En la era de “Facebook”, todxs casi sin excepción somos o hemos sido víctimas de la desinformación. Sin duda hay buena intención por parte de los nuevos productores en innovar estrategias, técnicas y nombres para promocionar su producto. Por lo general, estas “nuevas comidas tradicionales” tienen una excelente calidad, aunque casos como la nueva quinua canadiense dejan mucho que desear (¡definitivamente la quinua de los Andes no tiene rival!). Sin embargo, en más de un caso, el fenómeno del rebranding, que equivale a decir en español “re-bautizar” los alimentos tradicionales con nuevas denominaciones y marcas, perpetúa mitos y desvirtúa alimentos nutritivos y valiosos no solo nutricionalmente sino por su significado e importancia cultural.

    En conclusión

    • El aceite de coco es una de las grasas más recomendables para cocinar o freír. No tiene propósito proteger al aceite de coco del calor ya que su grasa se caracteriza por ser térmicamente estable, es decir no se oxida con la aplicación del calor, y además tiene un alto punto de humeo–la temperatura a el aceite empieza a desprender humo al calentarla.
    • El aceite de coco cocinado tradicional es sumamente nutritivo y saludable. Según las denominaciones comerciales más comunes a nivel internacional, el aceite de coco tradicional, tal y como se lo prepara en Esmeraldas, se considera “no refinado” o “virgen.” El aceite de coco “refinado,” de venta en tiendas en varios países tropicales y también en Norteamérica y Europa, es igual de nutritivo y saludable, siempre y cuando no haya sido sometido a hidrogenación. Aquí hay más información sobre la diferencia entre aceite de coco “refinado” y “no refinado.” Nota: el aceite de coco refinado no tiene olor o sabor, y hay quienes lo prefieren porque no cambia el sabor a su comida.
    • El aceite de coco comercialmente denominado “crudo” o “prensado en frío” no es superior nutricionalmente al aceite de coco tradicionalmente preparado, es decir cocinado. Eso sí, casi siempre es más costoso y de color más blanco.
    • La validez científica de denominaciones “crudo” o “prensado en frío” y la creencia en el supuesto contenido de antioxidantes o encimas en los aceites así denominados, son cuestionables o simplemente falsas. Aquí un artículo que explica porqué ningún aceite comestible contiene encimas.
    • En Ecuador circula un aceite de coco falso hecho a base de aceite mineral (petróleo) y fragancia a coco. Este aceite no es comestible y no tiene nada que ver con el auténtico aceite obtenido a partir de los cocos maduros.
    •  ¿Dónde se puede comprar aceite de coco artesanalmente preparado? En el Ecuador, provincia de Esmeraldas, ciudad de Atacames, en cualquier fábrica de cocadas lo pueden pedir. En Quito, Guayaquil y otras ciudades los vendedores de cocos pelados y agua de coco también lo hacen.
    • Es fundamental valorar e indagar sobre los beneficios de los alimentos y las técnicas de preparación tradicionales.
    • Es recomendable siempre cuestionar la veracidad de nuevas denominaciones que se utilizan para comercializar alimentos tradicionales.

    Por último, comparto un muy buen resumen sobre mitos y verdades del aceite de coco.

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    ¡Salud!

  • Cazuela de mariscos

    September 13, 2015

    De la cocina de Dolores Elena Muñoz
    Bahía de Caráquez, Manabí-Ecuador

    Para conocer más sobre Doña Dolores (Lolita) y ver fotos del “making of” de este video haz click aquí.

    Click CC for English subtitles / Pulsa CC para subtítulos en inglés

    Ingredientes

    Carnes

    • 1/2 lb. calamares
    • 1 pulpo
    • 10-15 conchas
    • 2 libras de filete de pescado (cortado en tiras largas de 1 cm de ancho)
    • ½ libra de carne de langosta cocinada
    • 1 libra de camarón

    Aliños

    • Sal
    • Mostaza
    • Aliño casero o sazona-todo
    • Comino
    • Pimienta
    • Achiote o manteca de achiote (la manteca se hace friendo las semillas de achiote por unos minutos hasta que la grasa se vuelva roja).
    • Zumo de un limón
    • 3 tazas de pasta de maní

    Vegetales

    • 3 cebollas blancas largas
    • 8 dientes de ajo
    • 1 cebolla paiteña grande
    • 1 cebolla blanca grande
    • Cilantro (10-15 ramas)
    • 10 plátanos verdes

    Utensillos y otros insumos

    • Una cazuela grande de barro
    • Un rallo
    • Hojas de plátano pasadas ligeramente por el fuego

    Preparación

    Paso 1: preparar las carnes

    Camarón y calamar: aliñar con comino (1/2 cdta), pimienta (1/4 cdta), aliño (1/2 cdta), mostaza (1/2 cdta), sal (1/2 cdta).
    Pescado: el zumo de 1 limón y los mismos aliños anteriores comino (1/2 cdta), pimienta (1/4 cdta), aliño (1/2 cdta), mostaza (1/2 cdta), sal (1/2 cdta).
    Conchas: abrir y extraer la carne de las conchas. La concha es salada por tanto no se aliña.
    Pulpo: echar una jarra de agua caliente sobre el pulpo. Esto lo hace más fácil de pelar. El pulpo se debe pelar usando un cuchillo y raspando para sacar la parte de la piel más irregular o dura. Cuando se haya terminado de pelar, se lava y después se pica en pedazos de uno a dos centímetros de largo.
    Langosta: extraer la carne y picarla en trozos. Colocarla junto con el camarón.

    Paso 2: preparar la masa de la cazuela a base de plátano verde

    Hacer un refrito
    Picar las cebollas blancas muy fino.
    Picar la cebolla paiteña y la cebolla blanca en cuadros pequeños.
    Machacar los dientes de ajo.
    Picar el cilantro.
    Añadir todos los ingredientes a un sartén con ¼ taza de manteca de achiote, comino (1/2 cdta), pimienta (1/4 cdta), aliño (1/2 cdta), mostaza (1/2 cdta), sal (1/2 cdta).
    Llevar al fuego y revolver hasta que las cebollas estén blandas.

    Hacer la masa
    Pelar los verdes y lavarlos con agua y el zumo de un limón. Esto previene que se torne oscura la masa.
    Rallar los verdes y amasarlos con ¼ tz de manteca de achiote.
    Incorporar la pasta de maní poco a poco a la masa del verde rallado. Seguir amasando.
    Incorporar el refrito a la masa y seguir amasando.
    Transferir la masa a un pozuelo grande con 4 tasas de agua. Agregar la masa para desaguarla. Seguir amasando.
    Agregar la masa a una olla grande con 4 litros de agua hirviendo (al fuego). Disolver la masa en el agua y meser constantemente por 15 minutos para cocinarla. Agregar el calamar, la langosta, el pulpo, luego la concha. Dejar cocinar 5 – 10 minutos y al final agregar el camarón y el pescado.
    Agregar la mezcla a una cazuela de barro cubierta con hojas de plátano en el fondo.

    Decorar con camarones, conchas, langostas y bolitas hechas de pasta de maní en la superficie.

    Poner la cazuela al horno por 15 minutos.

    Servir caliente.

  • Al rescate del ‘encocao’ esmeraldeño

    December 28, 2014
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    Encocao de langostino preparado por mujeres emprendedoras de la Bocana de Ostiones, Esmeraldas.

    Hace aproximadamente un año estuve en Esmeraldas averiguando ¿qué mismo está pasando con el coco en la tierra del encocado? ¿Como fue que caló ahí la idea de que el coco es malo para la salud, siendo, como es Esmeraldas, la zona de Ecuador con la más rica y larga tradición culinaria a base de, nada más y nada menos que… puro coco?

    La duda surgió durante un taller que hicimos en la Casa Palenque (Esmeraldas, 2013) con un grupo de bellas mujeres curanderas, madres y abuelas con una vida de experiencia y conocimientos en medicina popular que han usado para tratar a todos y todas quienes acuden a ellas con profunda convicción y fe para curarse.*

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    En el taller, estas sabias curanderas y expertas cocineras recordaron innumerables recetas que en otra época hacían a base de coco: incontables variedades de sopas usando zumo de coco como base, toda clase de carnes (de mar y de monte) estofadas en zumo de coco–los famosos ‘encocaos’–, todos los posibles postres y coladas a base de coco, todas aquellas bebidas hechas de coco y por si fuera poco, todos los remedios que se elaboraban con cada una de las partes del coco maduro. Entre todas las recetas que las señoras enumeraron, mi favorita fue la del chocolate caliente: se hacía a base de puro cacao tostado y molido, zumo de coco y miel de raspadura–de la mata a la olla.

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    Masato – batido de maduro, canela y zumo de coco. Cortesía de Doña Matilde Angulo, Esmeraldas.

    La gran mayoría de estas recetas ya no se hacen, mis amigas esmeraldeñas explicaron, porque el coco está muy caro (un coco llega a costar hoy hasta $2.50 en Esmeraldas) y además porque desde hace tiempo, los médicos han venido contraindicando el coco debido a que su grasa es supuestamente perjudicial para la salud.

    Me parecía increíble estar escuchando, de boca de las portadoras de las tradiciones culinarias de Esmeraldas, que ellas “se cuidan” de comer y cocinar comidas con coco, esas comidas con las que sus abuelas (y después ellas) alimentaron a toda una generación.

    Aunque hay quienes no abandonan la tradición, la carestía hace que se busquen alternativas a este esencial ingrediente. Un día pude constatar lo que está pasando con el coco en Esmeraldas mientras me comía un almuerzo en un restaurante local. Para el “segundo” estaba anunciado “encocado de pescado,” el cual no obstante consistió en una montaña de arroz acompañado por unos escasos trozos de pescado “encocado”… con leche pasteurizada (de funda). De forma similar, los aceites minerales “con fragancia” a coco han reemplazado el aceite de coco fabricado artesanalmente por esmeraldeños como Don Julio, quién dejó de fabricar aceite hace 20 años porque no podía competir con el aceite falso (y más barato) ofertado en las farmacias. A pedido especial, Don Julio demostró el proceso de elaboración del aceite de coco y su exquisito derivado: el chicharrón de coco.

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    Chicharrón de coco. Cortesía de Don Julio Prado, Atacames.

    En entrevistas con jóvenes, adultos, ancianos, médicos, nutricionistas, antiguos productores de aceite  y dueños de fincas de coco en Atacames, Limones, Canchimalero y la ciudad de Esmeraldas, me di cuenta de la gran confusión y desinformación que existe sobre los efectos del coco entre los esmeraldeños en general. Esta desinformación se origina precisamente en los lineamientos de las autoridades de salud.

    Médicos y nutricionistas sostienen la creencia de que el consumo de coco, así como otros alimentos ricos en ácidos grasos saturados, están asociados con enfermedades del corazón. El coco, en su estado maduro, contiene aproximadamente un 30% de grasa saturada en su fibra o carne. Por tanto, su consumo está contraindicado en pacientes con enfermedades crónicas o condiciones asociadas a problemas cardíacos como por ejemplo pacientes con sobrepeso u obesidad, diabetes e hipertensión. Estos lineamientos forman parte de campañas de prevención que lleva adelante el Ministerio de Salud (MSP), en donde se identifica al coco como un alimento nocivo, que se debe evitar.

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    Publicado en septiembre 2014,  El Comercio. http://especiales.elcomercio.com/2014/09/comidaChatarra/

    La triste consecuencia de estos esfuerzos es el sentimiento de culpa con que muchos esmeraldeños (y ecuatorianos en general) acompañan su plato tradicional favorito, ya sea un encocado o un plato de mote con chicharrón.

    La confusión ha crecido aún más con las recientes medidas del etiquetado de alimentos procesados del MSP, el llamado “semáforo nutricional” que se ha implementado para clasificar las comidas en tres categorías: alto, medio o bajo en grasa, sal y azúcar. Bajo este esquema, el coco o alimentos con coco se consideran peligrosos por su alto contenido en grasa.

    Tomemos como ejemplo un alimento de la colección de recetas tradicionales de las curanderas esmeraldeñas: el chocolate caliente con zumo de coco. Este chocolate esmeraldeño, hecho a base de productos frescos y  locales, podría clasificarse como peligroso por su alto contenido en dos tipos de grasa (la que le aporta el cacao y la que le aporta el coco) además de la dosis de azúcar que le aporta la raspadura. Si comparamos este chocolate con una Coca Cola diet, libre de grasa y azúcar (sustituida por un edulcorante artificial), el semáforo nutricional saludable dicta que el chocolate esmeraldeño haga un “stop,” en cambio le da luz verde a la “saludable” Coca Cola diet.

    Si bien la intención del Ministerio con esta campaña es la de educar a la población para escoger productos más “sanos,” no consigue su objetivo porque simplifica las cosas, llevándolas a un extremo absurdo. La verdad es que en asuntos tan complejos como la nutrición y la salud humana, nada es simple ni absoluto. La ciencia sobre la salud de los alimentos se transforma y actualiza constantemente. Cientos de nuevos estudios científicos publicados año tras año, descubren nuevas asociaciones, cuestionan otras y a veces anulan ideas y principios que han sido aceptados por décadas en las ciencias médicas. Este es el caso de los alimentos ricos en grasa saturada que han formado parte de las tradiciones culinarias alrededor del mundo por cientos y quizás miles de años, sin embargo, tan sólo a partir de los años 1960, la ciencia médica occidental los empezó a satanizar.

    Por varias décadas se elaboraron políticas de salud en base a estudios científicos que afirmaban que el consumo de grasas saturadas endurece y “tapa” las arterias con placas de colesterol “malo,” aumentando el riesgo de enfermedades del corazón. Sin embargo, hace años se vienen publicando estudios que cuestionan esta tesis. En este artículo hice una revisión de algunos de estos estudios, así como también de la composición química de las grasas, para distinguir entre distintos tipos de grasa que se encuentran en los alimentos. En resumen, no se debe lanzar en un mismo saco a todas las comidas con grasa, pues las distintas grasas (saturadas, mono / poli insaturadas, trans) tienen efectos diferentes en la salud humana.

    El coco es una de esas comidas altas en grasa saturada, hoy elevadas al rango de “superalimento,” que la ciencia y la cultura Occidental están re-descubriendo. Digo “re-descubriendo” porque nuestros antepasados y millones de personas que habitaban y habitan las tierras tropicales del mundo donde el coco se ha cultivado por milenios, ya conocían esas y quizás otras bondades aún desconocidas en el “desarrollado” Occidente.

    Así es como en los Estados Unidos, a partir de los años 2000 se empezó a promover el aceite de coco como un alimento saludable y pasó a compartir el lugar de “superalimento” junto con tantos otros alimentos tradicionales del Ecuador y América como la quinua, el chocolate o los chochos. Al coco y su aceite se le atribuyen toda clase de efectos terapéuticos para tratar enfermedades desde diabetes, hasta Alzheimer’s e incluso VIH-SIDA. Hoy por hoy se oferta aceite de coco de unas 50 diferentes marcas en la popular tienda virtual Amazon.com a precios que, no obstante, pocos pueden acceder.

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    Uno de tantos sitios dedicados a la venta de productos y difusión de información sobre los beneficios del coco en la salud

    Un grupo cada vez más numeroso de autodidactas de la salud y nutrición dedicados a investigar y experimentar con infinidad de dietas alternativas, se han volcado hacia lo que podríamos llamar un culto al coco, su agua, y ante todo su aceite. Ya sea en el mas ávido calor de verano, o en el más congelado de los inviernos, el coco se incorpora cada vez más en la vida del ciudadano de clase media-alta educada que habita las grandes urbes del llamado Primer Mundo.

    Parece que a pesar de las enormes discrepancias que separan a los adherentes de las dietas más populares–los paleo de los veganos y vegetarianos, los tradicionalistas de la Weston Price de los fans de Ray Peat, o los seguidores de Mercola y hasta Dr. Oz, el coco tiene cierto poder unificador en esta particular clase de consumidores conscientes, ya que todos sin excepción veneran el coco y lo han incorporado de una forma u otra en su rutinas de cuidado corporal y estrictos regímenes alimenticios: aceite de coco para el pelo, para desintoxicarse haciendo “buches” (el famoso oil pulling), para la piel, para bajar de peso, para freír a altas temperaturas, para los deportistas y hasta para obtener “claridad mental,” según promete una extraña y cada vez más popular dieta de café batido con aceite de coco y mantequilla–el famoso “bulletproof coffee” o café a prueba de balas… (sin comentarios).

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    Consumir aceite de coco forma parte de la cotidianidad de un grupo cada vez mayor de “consumidores conscientes” en los Estados Unidos, muy preocupados por comer sano y mantenerse en forma. Foto publicada en el blog de “vida saludable” de dos hermanas deportistas www.purelytwins.com

    Ante este auge en el interés por las comidas tropicales entre los más afortunados del Norte Global (con mayor acceso a conocimiento científico y poder adquisitivo), lo más justo es que los herederos de sus tradiciones, que además viven y crecen en medio de abundantes palmas de coco, conozcan la verdad.  Esa verdad que una ciencia médica equivocada logró opacar durante décadas, alejando a los esmeraldeños de sus sabias y ricas tradiciones. Esta “mala ciencia” perjudicó a miles alrededor del mundo, alejándoles de grasas tradicionales que son y siempre fueron perfectamente saludables como la mantequilla, la manteca de puerco o de res y promoviendo, en sustitución, aceites vegetales refinados de semillas (maíz, soya, palma refinada) que nunca formaron parte de nuestra dieta.

    Existen sociedades en zonas del trópico asiático como Sri Lanka o las Filipinas, que también poseen tradiciones culinarias a base de coco, además de una importante industria de producción de derivados de coco a gran escala. Al igual que los esmeraldeños, los habitantes de estos países han rechazado sus tradiciones bajo las mismas creencias equivocadas originadas en la ciencia médica estadounidense de los años 1950. Por ejemplo, en un artículo publicado en la revista de la Asociación Médica de Sri Lanka (2006, disponible para descarga aquí), un equipo de médicos de Sri Lanka hizo una revisión de la literatura científica sobre la grasa del coco (compuesta en gran parte por ácido láurico y triglicéridos de cadena media) en el que reconocen su inocuidad y potencial terapéutico. Así, desde la propia tradición de ese país y avalados por el método científico, estos médicos se pronuncian en defensa del coco,  un alimento local con un significado cultural y social importante para los habitantes de su país.

    En sociedades como ésta, así como en Esmeraldas, el coco representa mucho más que un alimento saludable o tradicional. El coco es un potente símbolo que mueve a la gente a congregarse, a formar lazos y espacios de pertenencia, a construir y consolidar su identidad cultural y su memoria colectiva como pueblo. Esa valiosa cultura que se teje alrededor del coco y sus prácticas alimentarias, curativas, lúdicas, espirituales, etc., es una razón más por la que debemos defender al coco como un asunto no solo de seguridad, sino además de soberanía y justicia alimentaria en Esmeraldas, el Ecuador y el mundo.

    Hoy por hoy, el coco y en especial el aceite de coco han captado interés en las ciudades del Ecuador, en particular Quito, Guayaquil, Loja, entre otras. Las últimas novedades científicas sobre el coco han animado el espíritu emprendedor de pequeños productores a tal punto que el aceite de coco, antes desconocido en muchos lugares, ya se expende en algunos mercados orgánicos de estas ciudades. Muy bien por los quiteños, los guayaquileños y los lojanos que ya pueden beneficiarse de estos conocimientos y los efectos del coco en su salud. Sin embargo, es justo que esta información se extienda, o mejor dicho, retorne a su fuente original, la provincia de Esmeraldas, desde donde casi la totalidad de la producción de coco se envía a las grandes ciudades del Ecuador. Esta creciente demanda urbana de coco esmeraldeño para uso en la elaboración de productos de pastelería, granola y en restaurantes, puede explicar la inflación de precios que hoy enfrentan los esmeraldeños para acceder a un alimento local y culturalmente importante para ellos como es el coco.

    Es cierto que no podemos cambiar todo, pero definitivamente podemos hacer algo para estar mejor informados. Te invitamos a apoyar nuestro proyecto “Coco y salud,” una película para difundir información sobre los beneficios del coco en la salud en idioma español. A través de esta película queremos hacer accessible información científica actualizada sobre el coco y la salud a la población de Esmeraldas y Ecuador en general.

    Te invitamos a formar parte de esta iniciativa. Dona hoy lo que esté a tu alcance para hacer posible este proyecto urgente para Esmeraldas y el Ecuador. Si quieres donar y no tienes tarjeta de crédito, contáctanos. Cada aporte, por pequeño que sea, es un enorme apoyo. Si no puedes aportar, nos hace igual o más felices un mensaje, un comentario de ánimo o un “me gusta” a nuestra página en Facebook. Aún más feliz nos haría que la compartas con tus amigos.

    Este es el trailer de lo que esperamos sea el documental (CC para subtítulos en español).

    Encuentra más información sobre nuestro proyecto en nuestra página de campaña “Coco y salud” en Indiegogo.

    Ayúdanos a rescatar al delicioso y nutritivo ‘encocao’ esmeraldeño de los prejuicios de una ciencia obsoleta.

    Devolvámosle el coco a los legítimos dueños de sus sabias tradiciones.

    ¡Salud y coco!

    Pilar Egüez Guevara, Ph.D.

    *Un agradecimiento especial a mi amiga y colega María Luisa Hurtado por organizar el taller en Casa Palenque y por su incansable labor en favor de las mujeres de Esmeraldas.