• Comidas y palabras que curan

    Tuve el agrado de impartir el taller titulado Comidas y palabras que curan, los primeros días de mayo de 2018 en el restaurante Vayú, en Cumbayá, Ecuador por invitación de mi querida amiga y colega, Alejandra Zambrano, profesora de literatura creativa en la USFQ. Gracias a Ale y a Belén Velasteguí, dueña de Vayú, por coordinar y hacer posible esta experiencia. Aquí un recuento de lo que fue el taller y algunos aprendizajes importantes.

    Alimentación holística

    En mi experiencia como antropóloga he aprendido y practicado a observar las “formas y maneras” de hacer de las personas para poder acercarme un poco más a su perspectiva del mundo y también a ellxs como seres humanos y su realidad. La antropología utiliza un enfoque holístico. Integrar todas las dimensiones permite comprender mejor los fenómenos, y en su aplicación, plantear intervenciones sociales que parten de las necesidades de las personas y las comunidades, siendo así mucho más efectivas, además de ser socialmente responsables y éticas.

    El marco holístico de la antropología aplicado a la alimentación es muy útil para descubrir y practicar maneras de alimentarnos que satisfacen nuestras necesidades, en nuestra individualidad y dentro de nuestro particular contexto. Desde la antropología, reconocemos varias dimensiones en la alimentación que incluyen: las relaciones de poder y privilegio, los significados y símbolos, los elementos rituales y espirituales, comunitarios y familiares, emocionales y narrativos, entre otras.

    En este taller, utilizamos la mesa de comedor como punto de partida para explorar las múltiples dimensiones de la alimentación. ¿Qué elementos encontramos en la mesa de comedor? ¿Quiénes participan y qué lugar ocupan en la mesa y en la preparación de alimentos? ¿Cómo está estructurado el espacio—qué orientación tienen las sillas y los participantes? ¿Qué sucede dentro y fuera de los confines del plato de comida y de la mesa de comedor? Aquí algunos aprendizajes:

    • La mesa de comedor es un espacio íntimo—sentarse a compartir en la mesa con alguien implica una cercanía. Esta cercanía requiere una cierta vulnerabilidad que se da, entre otras cosas, mediante el contacto visual, el intercambio de palabras, ideas, significados, alimentos, y también ¡microbios!—más sobre esto en los siguientes párrafos.
    • Compartir alimentos en la mesa con alguien es una oportunidad para (re)conectar, reconciliarse, tender puentes, formar alianzas y crear y reforzar lazos—“no se puede comer con un enemigo,” es un antiguo refrán.
    • Comer es un acto que nos conecta a un nivel menos racional y más corporal y humano, ya que satisface un conjunto de necesidades humanas básicas. Comer también es una oportunidad para existir y expresarnos más allá de las normas y requerimientos sociales, es decir, para ser libres en nuestra humanidad más pura y elemental.
    • El contexto psicosocial de la mesa de comedor es tanto o más importante que los mismos alimentos, en el proceso de alimentación y nutrición. A una persona que comió toda su vida acompañada, le resulta imposible, en un contexto y momento diferentes, comer sola. Este fue el testimonio de una de las participantes del taller sobre su experiencia viajando al exterior. Tuvo que pasar un tiempo (varias semanas) sin comer, antes de que su cuerpo y su mente se adaptaran a la situación de comer en soledad, y aceptaran alimentos en ese nuevo contexto.
    • La sobremesa es ese espacio invisible que se extiende fuera de los confines de la mesa. Es un elemento intangible en el proceso de alimentación, en el que ocurren conversaciones e interacciones que estimulan los sentidos, se liberan hormonas de relajación que generan sensaciones de placer, proporcionan felicidad, todo lo cual facilita el proceso de digestión de los alimentos.
    • La sobremesa es uno de los tantos elementos de nuestra cultura que están directamente relacionados con la salud y el bienestar. Cocinar con las manos, cocinar con amor, comer en comunidad y en familia, son prácticas culturales que aportan elementos microbiológicos protectores, activan procesos de auto-curación (vía el efecto placebo), y previenen enfermedades. Estas prácticas no se compran, sino que se transmiten, como regalos y herencias culturales y afectivas, conformando así un cierto tipo de capital bio-cultural, es decir, un recurso de sanación. La sobremesa no tiene traducción literal a otros idiomas. Es un concepto que define una medicina inherente a nuestra cultura. 

     

    Lisa Rankin, MD, autora del bestsellerMind over Medicine” propone un modelo holístico de salud, que se complementa al de la antropología, en donde la salud es parte de un sistema con múltiples dimensiones que logran un balance entre sí (salud física, salud mental, relaciones, finanzas, ambiente, sexualidad, creatividad, espiritualidad, entre otras). Pueden ver su charla TED aquí, y el gráfico de su modelo integral de salud aquí. 

    Comer, hablar y escuchar sin juzgar 

    ¿Qué tienen que ver las emociones y la comunicación con comer sano? En mi experiencia como mediadora de conflictos, practico constantemente el reconocer y distanciarme de la crítica y la auto crítica, para hacer funcionar a las palabras como herramientas de sanación. La mediación no es una ciencia, es un arte que involucra combinar palabras de maneras que podrían considerarse “mágicas.” Agregue a una combinación adecuada de silencios y palabras, unas gotas de fe, y una pizca de intuición, y observe cómo una persona que se encuentra furiosa, defensiva o violenta, se transforma en un ser relajado y receptivo, que se abre para confesar sus verdades más profundas e intrincadas.

    Suena complicado pero es muy sencillo. El secreto consiste en escuchar con atención sin juzgar—un proceso conocido como escucha activa. Escuchar requiere estar presente en el momento con la otra persona, tanto en los silencios que transmiten su tristeza o desconfianza, como en los estruendos que confieren su ansiedad, su temor o su rabia.

    Prestar atención plena al momento presente, de manera intencional, sin juzgar es la definición de “mindfulness”. La meditación (y también la mediación) nos enseña a observar y sentir, de manera intencional, con curiosidad y aceptación, sin evaluar o tratar de corregir, nuestros pensamientos, emociones y sensaciones. Por eso escuchar es una forma de meditar y también un requisito para mediar conflictos.

    La clave de la escucha activa es la empatía. Yo regalo empatía (administro la medicina) cuando observo sin evaluar, y nombro (digo, verbalizo, y así externalizo) los sentimientos que confiere mi interlocutora mediante sus palabras, tono y lenguaje corporal. Mi atención a sus sentimientos y sus necesidades (in)satisfechas subyacentes, me conecta con ella a un nivel humano, no intelectual o analítico.

    1. Escuchar y observar sin evaluar y 2. conectar con sentimientos y necesidades es el proceso para sanar las relaciones humanas que enseña el método de la comunicación no violenta. Evaluaciones, condenas, críticas, análisis, diagnósticos y comparaciones son algunas prácticas que bloquean la empatía, ya que nos re-conectan con la mente y la razón, y a su vez nos alejan de las emociones, los sentidos, y el reconocimiento de necesidades, o sea, nos alejan del cuerpo y del corazón.

    Los alimentos pueden sanar de manera similar a las palabras. Un sin-número de evaluaciones, críticas, análisis, diagnósticos y condenas se agregan hoy en día a la comida mediante etiquetas, medidas, y dietas restrictivas. Todos estos pensamientos, creencias, juicios y prejuicios nos desconectan de las necesidades humanas que nuestro cuerpo satisface mediante el proceso de alimentación. Más aún, estas evaluaciones morales que agregamos a los alimentos, las proyectamos directa o indirectamente a quienes consumen los alimentos—ya sea a nosotros mismos o a los demás. En la alimentación y en la comunicación, la empatía es fundamental para sanar.

    El modelo de “alimentación intuitiva” se acerca mucho a la comunicación no violenta, en que nos anima escuchar, de manera intencional sin juzgar, a las señales del cuerpo (hambre, saciedad, cansancio, ansiedad, etc.) y responder a su llamado para atender de forma eficaz y óptima a nuestras necesidades. Cuando dejemos de identificarnos con aquellas voces que incesantemente repiten evaluaciones (bueno-malo, saludable-tóxico), análisis y cálculos (calorías, nutrientes, ingredientes), y nos regalemos una dosis de empatía, podremos escuchar con más claridad al llamado de nuestro cuerpo para nutrirnos de acuerdo a lo que éste pide y necesita.

    Aquí algunos artículos y recursos de referencia que dan cuenta de la sabiduría del cuerpo para comunicar nuestras necesidades alimenticias:

    Cómo el sabor conduce a la nutrición – WSJ

    Habituación de alimentos – Por qué deberías dejar a tus hijos comer todo el caramelo de Halloween que deseen – Bon Appetit

    Mente sobre comida – cómo influyen las creencias y las emociones en el proceso de digestión– Instituto de la psicología de alimentos

    10 principios de la alimentación intuitiva – Intuitive Eating

    Mindful eating, alimentación presente

    Para iniciar este proceso, en este taller practicamos un ejercicio de alimentación consciente/presente o “mindful eating”. A través de este ejercicio conectamos con nuestros sentidos para distinguir colores, sabores, olores y sensaciones que producen distintos tipos de alimentos. Además de descubrir nuevos sabores,“comer del mismo plato”, permitió reconocer la enorme diversidad de emociones y necesidades que expresaron lxs participantes respecto a un mismo alimento. Aceptación, valoración, reconocimiento de diferencias y emociones sucedieron en un mágico momento de transmisión y ejercicio de empatía alimentaria.

    Gracias a todxs los participantes por contribuir y co-crear este espacio de sanación. Por muchos más años de aprendizajes sobre comidas y palabras curativas ¡Salud!

    Pilar Egüez Guevara