• Sopa por desayuno

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    SOPA POR DESAYUNO – aunque resulte extraño o desagradable a muchos (sobre todo más jóvenes) los desayunos tradicionales en muchos lugares del mundo consisten de o incluyen sopa. En Japón, el desayuno tradicional consiste en arroz, pescado y sopa de miso (hoy en declive ante la influencia occidental). En la investigación que hicimos para el documental #RaspandoCoco en la costa de Ecuador (Esmeraldas), la mayoría de personas nos contaron que desayunan o solían empezar su día con un “tapao”, una exquisita sopa de pescado con plátano verde aromatizada con yerbitas, chillangua, chirarán y albahaca. La influencia del “desayuno americano” y las ideas sobre la “comida saludable” inducidas por la industria de alimentos y décadas de estudios equivocados, han llegado a todos los rincones del planeta (hasta Japón!), privándonos de los beneficios de las comidas tradicionales, que no solo aportan una nutrición superior y protección de enfermedades, sino también un significado y sentido de pertenencia a un lugar y una comunidad, un elemento poco apreciado pero fundamental para nuestra salud integral.

    La sabiduría tradicional y ancestral de alrededor del mundo nos ha regalado un sin número de alimentos fermentados altamente nutritivos y de potente efecto medicinal.

    EL MISO es una pasta hecha mediante la fermentación de los frijoles de soya, es un alimento tradicional en muchos lugares de Asia (originario de China), y muy tradicional en Japón.

    Se conoce que el miso es una excelente fuente de cobre, manganeso, vitamina K, vitaminas B, hierro, fósforo, potasio, proteína (todos los aminoácidos esenciales), zinc, ácido fólico. La sopa de miso es una de las principales fuentes de calcio en la dieta tradicional japonesa. Tradicionalmente se ha usado como remedio para la digestión, cancer, envenenamiento por tabaco e infecciones intestinales. En Japón, tomar sopa de miso se considera una buena forma de empezar el día ya que energiza el cuerpo y estimula la digestión.

    Aquí un efecto sorprendente, aunque menos conocido del consumo de miso (tomado del libro “Japanese foods that heal”) :

    PROTECCION CONTRA LA RADIACION ATOMICA – Investigadores japoneses en los años 60’s que atendieron a víctimas de la bomba atómica después de la segunda guerra mundial, observaron que no sufrieron los efectos de la radiación de sus pacientes porque tomaban sopa de miso a diario. Miso Japonés fue importado hacia la ex-Unión Soviética después del accidente nuclear en Chernobyl. Subsiguientes estudios experimentales con ratas en la Universidad de Hiroshima en 1989 confirmaron el efecto protector del miso contra la radiación: las ratas que no comieron miso mostraron 100-200% mayores niveles de cancer de hígado, comparado con las ratas que comieron miso. Varios estudios poblacionales publicados partir de los años 80’s han verificado que el consumo diario de sopa de miso reduce el riesgo de varios tipos de cancer, en particular cancer de mama. Según un estudio publicado en 2003, mujeres que consumieron 3 platos de sopa de miso al día, redujeron el riesgo de cancer de mama en un 40%.

    Léelo en la web y comparte! http://comidasquecuran.com.ec/sopa-por-desayuno/

  • Raspando coco en la Fundación Guayasamín

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    La Fundación Guayasamín y Comidas que Curan presentan: Proyección del documental y panel de expertos “Raspando Coco”.

    – Fecha: Sábado 30 de Marzo
    – Lugar: Fundación Guayasamín – Mariano Calvache E18-94 y Lorenzo Chávez. Bellavista. Quito.
    – Hora:
    12h00 – proyección del documental (31 minutos)
    12h30 – panel de discusión
    – Entrada gratuita para el evento.

    Panel de discusión
    – Javier Carrera – Fundador de la Red de Guardianes de Semillas y Editor de Revista Allpa. Experto en agroecología, soberanía alimentaria y economía solidaria.
    http://redsemillas.org https://www.allpa.org/
    – Marianeli Torres Benavides – Experta en el ecosistema manglar y la soberanía alimentaria de los pueblos de la costa de América Latina. Afiliada a la Coordinadora Nacional para la Defensa del Ecosistema Manglar (CCONDEM) https://www.facebook.com/ccondem/
    – Máximo Canga – Productor de coco del norte de Esmeraldas, afiliado a la CCONDEM (perdió sus tierras debido a la expansión de los cultivos de palma aceitera).
    – Ana María de Veintimilla – Antropóloga experta en alimentación y nutrición de la costa ecuatoriana.
    – Pilar Egüez Guevara – Directora del documental “Raspando coco”. Antropóloga experta en alimentación y salud. http://comidasquecuran.com.ec/

    Moderador:
    Daniel Gonzalez – Historiador y antropólogo, especialista en salud intercultural y patrimonio cultural inmaterial.

    Sinopsis
    “Raspando coco” resalta el valor cultural y medicinal de la cocina tradicional tal y como lo viven y recuerdan afro-ecuatorianos/as que habitan en varias localidades de la costa norte de Ecuador, provincia de Esmeraldas. El documental se basa en la investigación de campo realizada y filmada entre 2012 y 2017 en varias localidades de Esmeraldas y en la ciudad de Quito, Ecuador. Mediante entrevistas con especialistas culinarios y médicos, así como expertos/as culturales afro-ecuatorianos/as, “Raspando coco” ofrece una ventana hacia la cultura y creencias locales, así como los métodos tradicionales de cocina y medicina de Esmeraldas. El documental también se adentra en los impactos socio-económicos y de salud del consumo de alimentos locales.

    Premios
    – Indie Short Fest (Los Angeles, Febrero 2019): nominado a mejor documental
    – Independent Shorts Awards (Los Angeles, Marzo 2019): mención de honor a mejor directora.
    – Latin American Studies Association Film Festival (Boston, May 2019) – selección oficial

    Raspando Coco – sitio web

    Evento en Facebook

     

     

  • Cine, comida y antropología pública

    December 2, 2018

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    En el contexto de la presentación del documental Raspando coco este pasado noviembre, llegó a mis manos el libro de Santiago Rosero, “El Fotógrafo de las Tinieblas” (PUCE 2018). Ya hacia el final de su fascinante crónica sobre Evgen Bavcar, el fotógrafo ciego más famoso del mundo, Rosero compara su experiencia protagonizando una sesión fotográfica de Bavcar con una ceremonia chamánica, el fotógrafo ciego posando sus manos sobre él “como para aplicar una cura.” Complementa su metáfora con una cita del propio Bavcar “Hay muchas mujeres a las que he liberado, mujeres que luego de fotografiarlas se quedaron con una imagen más bella y más segura de ellas mismas, porque puse en valor su presencia terrestre” (p. 70).

    No pude evitar ver el paralelo fotografía-curación, con la experiencia de llevar, en una pantalla de computadora, al grupo de ancianos y ancianas protagonistas de Raspando coco, las video grabaciones de su voz e imágenes en movimiento integradas en una película, al mismo lugar donde las imágenes se originaron–las salas y cocinas de sus hogares. La expedición de entrega y presentación del documental a sus actoras/es duró dos días de recorrido por carretera. Habíamos viajado desde Quito hacia Puerto Cayo (una parada “técnica” y exploratoria, no relacionada), y de allí rumbo a Atacames, la ciudad de Esmeraldas, Las Peñas y Borbón, y de vuelta a Quito. No todos/as las/os actoras/es se encontraban en sus casas al momento de la visita. Por ejemplo, no pudimos después de algunos intentos localizar a don Julio Prado en Atacames, antiguo fabricante y maestro de la preparación del aceite de coco. Pero sí a doña Matilde Angulo en Esmeraldas, experta cocinera y autora del tapao y el masato en el documental. Al llegar a la casa, toqué la puerta con fuerza y llamé a Matilde, un poco a los gritos, tratando de imponerme a la competencia–el karaoke en altoparlante de la alegre y desafinada vecina. Empecé a perder las esperanzas cuando vi por fin a través de la ventana hacia la oscuridad interior, una silueta oscura en una bata blanca. Matilde apareció fruncida, no me veía a contraluz, pero al reconocer mi voz,  mostró por fin su blanca dentadura.

    Nos abrió la puerta una hermosa anciana, recibiéndonos con fuertes apretones y la misma risa contagiosa de la Matilde protagonista, pero de salud visiblemente deteriorada. A sus 86 años (6 años después de su debut), Matilde solo da pasos dentro de su casa, pero ya no sale, ni tampoco cocina. Nos cuenta sus frustraciones de salud, pero su energía no se ha apagado– su luz y carisma se encendieron de inmediato cuando la invité a verse a sí misma en la pantalla de mi computadora Mac, a ella, a la protagonista de la película. Sin parar de sonreir, Matilde reacciona con risas y carcajadas al escucharse y verse representada, repitiendo cada vez que aparecía o hablaba “¡esa viejita no pensó ir tan lejos!”

    El poder de la representación es una de las lecciones que más he disfrutado en mis estudios y las clases de antropología que he dictado. Mi fascinación con el documental como género surge de reconocer el enorme poder y las capas de efectos que ejercen las imágenes; sobre el quién representa a quién, por qué, para qué y para quién; cual es el balance de poderes entre representados y representantes; sobre la posibilidad/necesidad de la auto-representación y la voz no mediada; sobre el rol del antropólogx en este complejo proceso y sobre sus implicaciones, en particular éticas, de responsabilidad social y de compromiso por la transformación social y política.

    Siempre anhelé el documental por sobre cualquier texto escrito y mucho más que cualquier texto académico, por su potencial como medio para hacer público el trabajo de la antropología. Raspando coco es el resultado de un sueño profesional, el de poder transformar mi trabajo investigativo en una obra de apreciación pública, accesible a todo el mundo, en especial a los protagonistas del trabajo de campo, a las/os sujetas/os, las/os actoras/es, las/os consultoras/es. El sueño de poder compartir una obra que ellas/os comprenden, que les habla en su mismo idioma, porque son ellas y ellos hablándose a sí mismas/os, contando sus historias a su manera, para sus familias, sus comunidades y para el mundo (“¡esa viejita no pensó ir tan lejos!”).

    Al presenciar las reacciones de mis consultoras y consultores (ancianos y ancianas afro-ecuatorianas/os esmeraldeñas/os hacia este trabajo que ellas/os y todo un equipo de realización co-crearon conmigo) pensaba en mi tesis doctoral y en todos los artículos académicos que he escrito y publicado en revistas, con el el más alto rigor que demanda la academia. Artículos escritos por una académica para otrxs académicxs, como dice el dicho “preaching to the choir” (hablando para los mismos). El conocimiento sale de las comunidades pero rara vez retorna, sino que se queda circulando infinitamente en los corredores de la “torre de marfil” universitaria…

    Por eso Raspando coco es un sueño hecho realidad. Mientras me despedía de Matilde, tratando de hacer arreglos para que ella tuviera acceso a ver el documental “una y otra vez” como ella lo pedía, imaginaba el video “tocando” en la sala de su casa como una canción de un disco, repitiéndose una y otra vez, hasta memorizarse, hasta que el video se vuelva propio, favorito, impregnándose en los sentidos y lugares cotidianos hasta formar una impresión permanente en su memoria. Un video que se comparte con todo el que visita–familiar, amiga/o, vecina/o– y sobre el que se ríe, se comenta, y se repite una y otra vez, hasta el cansancio… Así me imaginé también a mi misma acompañando a Matilde, y a todas y todos mis informantes-consultores-amigos-coautores, integrando mi presencia en su cotidianidad y recuerdos definitivamente, como un presente permanente durante mi ausencia que ellas/os siempre reprochan. Las imágenes bellas de sí mismas/os y su valiosa labor – la cocina, la agricultura-, las risas y la alegría, las visitas y el reconocimiento en sí son la cura que posibilita la fotografía y el cine a sus protagonistas y actoras/es.

    Raspando coco me deja un sabor verdaderamente dulce y brillante — ¡gracias Esmeraldas, gracias antropología, gracias cine!

     

    Pilar Egüez Guevara, Ph.D.