• Comidas que curan—sin culpa

    Fritada clásica de la sierra por Rubén Ulloa

    Fritada clásica de la sierra por Rubén Ulloa

    Hace unos 7 años, cuando descubrí el libro Nourishing Traditions (Nutriendo Tradiciones), un best-seller en EEUU, aprendí que la grasa saturada que se encuentran en la manteca de cerdo, la mantequilla de vaca, el chocolate o el aceite de coco, no era mala como había creído toda mi vida, sino esencial para la absorción de las vitaminas A, D, E,  y K (y calcio) ya que ellas sólo se asimilan en la presencia de esta grasa en el cuerpo.

    A mi papá siempre le gustó la fritada de cerdo, es uno de sus platos favoritos, él conoce cuanta hueca de fritada hay en la sierra ecuatoriana, especialmente en Quito y Pujilí—donde vivió muchos años cuando era niño. Cuando le conté de mis hallazgos se emocionó aun más que yo. “O sea que nuestros mayores sí sabían,” me dijo. Le pregunté si, a él que tanto le gusta la fritada, sentía culpa las veces que ocasionalmente se daba “el gusto,” pensando que era dañina. Me dijo “sí, había un poco de culpa al comer fritada…”

    Pensé, qué triste situación la de muchos ecuatorianxs y latinoamericanxs que comemos con culpa nuestra comida tradicional, comida hecha con alimentos propios del lugar, esa pequeña muestra de arte e historia, únicamente posible gracias a miles de años de perfeccionamiento gustativo, de super-especialización y experticia culinaria, de antepasadxs experimentando durante siglos y siglos, a prueba y error, para comprobar sus usos terapéuticos. Esa comida tradicional a cuyos sabores y asimilación de nutrientes se adaptó nuestro cuerpo y que están, como tal, contenidos en nuestro mismísimo ADN (epi-genética). En fin, esa comida tradicional que no es sólo alimento para el cuerpo, sino también todo un universo de significados y sentidos, toda una infinitamente cambiante cultura y miles de mini-culturas, toda una historia y miles de mini-historias contenidas en cada plato.

    ¿Cuándo y bajo el poder de qué fuerza dejamos de amarnos y aceptarnos a nosotrxs mismxs, nuestra tierra y sus sabores únicos e irrepetibles, sus nutrientes y substancias buenas y medicinales para nosotrxs, más que para ninguna otra persona en ningún otro lugar del mundo? Sabores que nuestro cuerpo reconoce y pide, a un nivel microbiológico, genético, psicológico, emocional y espiritual.

    La ciencia occidental llegó, primero a confundir y luego a verificar, como dijo mi papá, lo que nuestrxs mayores ya sabían. Nuestros antepasadxs no comían con culpa, esa experiencia no existía al momento de comer, simplemente porque no habían alimentos “buenos o malos,” “adictivos o detoxificantes,” no había confusión ni duda porque no existían etiquetas, ni conteo de calorías. Tampoco existía la industria de alimentos, la gente comía lo que daba la tierra y lo que la mamá y la abuela ponían sobre la mesa, se comía sin pensar, pero sí con sentir y degustar, con calma y conversación de sobremesa—sin duda la mejor parte de cualquier comida.

    “Comer con culpa es una epidemia de nuestros tiempos” afirma una psicóloga clínica, y yo añado que también es un rezago de la colonización, que utilizó muy hábilmente la culpa y el miedo para convencer y convertir, moralizar y en última instancia, inferiorizarnos, haciendo que neguemos, por voluntad propia, nuestro valor como seres, haciendo que dejemos de aceptarnos y amarnos, de amar nuestra tierra y sus sabores, de conocer y confiar en su inteligencia y en la inteligencia de quienes con amor nos alimentan, y sobre todo, conocer y confiar en la inteligencia de nuestro propio cuerpo y sus sabias señales.

    La psicología de la alimentación está sacando la cara entre los estudiosos de la nutrición, tan confundidos y tan poco de acuerdo entre ellos mismos, para mostrarnos con cifras, experimentos y gráficas, que las comidas que curan, necesariamente se comen sin culpa. Si hay culpa al comer, el cerebro genera la hormona de estrés (cortisol) que enlentece el metabolismo y la digestión de los alimentos, haciendo que en lugar de quemar, acumulemos calorías en forma de grasa. Cuando hay placer al comer, el cerebro genera hormonas de placer que estimulan los órganos digestivos a descomponer, asimilar y quemar calorías eficientemente. Estos psicólogxs nos han venido a recordar que comer con placer es medicina para el cuerpo, y que podemos conscientemente, cualquiera sea la comida que se nos ofrece, escoger comer con placer, con gratitud y sin culpa. El verdadero tratamiento “detox” es descolonizar nuestra mente de prejuicios, y amar nuestra comida tradicional.

    Por eso, ponerse en alerta ante coaches de nutrición o programas que prometen bajar de peso sin dietas, pero clasifican alimentos en buenos o malos… hablan de comida “real” o “saludable” y dicen cosas como que el azúcar es adictiva. No hay culpa al comer si no hay juicios sobre los alimentos. Sin culpa, hay libertad (¡y mejor metabolismo!)

    Recursos de referencia

    ¿Pueden engordar los pensamientos? https://www.youtube.com/watch?v=oNtkhqxu4mI

    Instituto de la psicología de alimentos – Canal de youtube- https://www.youtube.com/user/MarcDavidIPE

    Comer con culpa es una epidemia de nuestro tiempo https://www.abc.net.au/news/2014-09-25/food-guilt-the-epidemic-of-our-times/5767356

    Pilar Egüez Guevara, PhD

  • Raspando coco en la Fundación Guayasamín

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    La Fundación Guayasamín y Comidas que Curan presentan: Proyección del documental y panel de expertos “Raspando Coco”.

    – Fecha: Sábado 30 de Marzo
    – Lugar: Fundación Guayasamín – Mariano Calvache E18-94 y Lorenzo Chávez. Bellavista. Quito.
    – Hora:
    12h00 – proyección del documental (31 minutos)
    12h30 – panel de discusión
    – Entrada gratuita para el evento.

    Panel de discusión
    – Javier Carrera – Fundador de la Red de Guardianes de Semillas y Editor de Revista Allpa. Experto en agroecología, soberanía alimentaria y economía solidaria.
    http://redsemillas.org https://www.allpa.org/
    – Marianeli Torres Benavides – Experta en el ecosistema manglar y la soberanía alimentaria de los pueblos de la costa de América Latina. Afiliada a la Coordinadora Nacional para la Defensa del Ecosistema Manglar (CCONDEM) https://www.facebook.com/ccondem/
    – Máximo Canga – Productor de coco del norte de Esmeraldas, afiliado a la CCONDEM (perdió sus tierras debido a la expansión de los cultivos de palma aceitera).
    – Ana María de Veintimilla – Antropóloga experta en alimentación y nutrición de la costa ecuatoriana.
    – Pilar Egüez Guevara – Directora del documental “Raspando coco”. Antropóloga experta en alimentación y salud. http://comidasquecuran.com.ec/

    Moderador:
    Daniel Gonzalez – Historiador y antropólogo, especialista en salud intercultural y patrimonio cultural inmaterial.

    Sinopsis
    “Raspando coco” resalta el valor cultural y medicinal de la cocina tradicional tal y como lo viven y recuerdan afro-ecuatorianos/as que habitan en varias localidades de la costa norte de Ecuador, provincia de Esmeraldas. El documental se basa en la investigación de campo realizada y filmada entre 2012 y 2017 en varias localidades de Esmeraldas y en la ciudad de Quito, Ecuador. Mediante entrevistas con especialistas culinarios y médicos, así como expertos/as culturales afro-ecuatorianos/as, “Raspando coco” ofrece una ventana hacia la cultura y creencias locales, así como los métodos tradicionales de cocina y medicina de Esmeraldas. El documental también se adentra en los impactos socio-económicos y de salud del consumo de alimentos locales.

    Premios
    – Indie Short Fest (Los Angeles, Febrero 2019): nominado a mejor documental
    – Independent Shorts Awards (Los Angeles, Marzo 2019): mención de honor a mejor directora.
    – Latin American Studies Association Film Festival (Boston, May 2019) – selección oficial

    Raspando Coco – sitio web

    Evento en Facebook

     

     

  • Comidas y palabras que curan

    Tuve el agrado de impartir el taller titulado Comidas y palabras que curan, los primeros días de mayo de 2018 en el restaurante Vayú, en Cumbayá, Ecuador por invitación de mi querida amiga y colega, Alejandra Zambrano, profesora de literatura creativa en la USFQ. Gracias a Ale y a Belén Velasteguí, dueña de Vayú, por coordinar y hacer posible esta experiencia. Aquí un recuento de lo que fue el taller y algunos aprendizajes importantes.

    Alimentación holística

    En mi experiencia como antropóloga he aprendido y practicado a observar las “formas y maneras” de hacer de las personas para poder acercarme un poco más a su perspectiva del mundo y también a ellxs como seres humanos y su realidad. La antropología utiliza un enfoque holístico. Integrar todas las dimensiones permite comprender mejor los fenómenos, y en su aplicación, plantear intervenciones sociales que parten de las necesidades de las personas y las comunidades, siendo así mucho más efectivas, además de ser socialmente responsables y éticas.

    El marco holístico de la antropología aplicado a la alimentación es muy útil para descubrir y practicar maneras de alimentarnos que satisfacen nuestras necesidades, en nuestra individualidad y dentro de nuestro particular contexto. Desde la antropología, reconocemos varias dimensiones en la alimentación que incluyen: las relaciones de poder y privilegio, los significados y símbolos, los elementos rituales y espirituales, comunitarios y familiares, emocionales y narrativos, entre otras.

    En este taller, utilizamos la mesa de comedor como punto de partida para explorar las múltiples dimensiones de la alimentación. ¿Qué elementos encontramos en la mesa de comedor? ¿Quiénes participan y qué lugar ocupan en la mesa y en la preparación de alimentos? ¿Cómo está estructurado el espacio—qué orientación tienen las sillas y los participantes? ¿Qué sucede dentro y fuera de los confines del plato de comida y de la mesa de comedor? Aquí algunos aprendizajes:

    • La mesa de comedor es un espacio íntimo—sentarse a compartir en la mesa con alguien implica una cercanía. Esta cercanía requiere una cierta vulnerabilidad que se da, entre otras cosas, mediante el contacto visual, el intercambio de palabras, ideas, significados, alimentos, y también ¡microbios!—más sobre esto en los siguientes párrafos.
    • Compartir alimentos en la mesa con alguien es una oportunidad para (re)conectar, reconciliarse, tender puentes, formar alianzas y crear y reforzar lazos—“no se puede comer con un enemigo,” es un antiguo refrán.
    • Comer es un acto que nos conecta a un nivel menos racional y más corporal y humano, ya que satisface un conjunto de necesidades humanas básicas. Comer también es una oportunidad para existir y expresarnos más allá de las normas y requerimientos sociales, es decir, para ser libres en nuestra humanidad más pura y elemental.
    • El contexto psicosocial de la mesa de comedor es tanto o más importante que los mismos alimentos, en el proceso de alimentación y nutrición. A una persona que comió toda su vida acompañada, le resulta imposible, en un contexto y momento diferentes, comer sola. Este fue el testimonio de una de las participantes del taller sobre su experiencia viajando al exterior. Tuvo que pasar un tiempo (varias semanas) sin comer, antes de que su cuerpo y su mente se adaptaran a la situación de comer en soledad, y aceptaran alimentos en ese nuevo contexto.
    • La sobremesa es ese espacio invisible que se extiende fuera de los confines de la mesa. Es un elemento intangible en el proceso de alimentación, en el que ocurren conversaciones e interacciones que estimulan los sentidos, se liberan hormonas de relajación que generan sensaciones de placer, proporcionan felicidad, todo lo cual facilita el proceso de digestión de los alimentos.
    • La sobremesa es uno de los tantos elementos de nuestra cultura que están directamente relacionados con la salud y el bienestar. Cocinar con las manos, cocinar con amor, comer en comunidad y en familia, son prácticas culturales que aportan elementos microbiológicos protectores, activan procesos de auto-curación (vía el efecto placebo), y previenen enfermedades. Estas prácticas no se compran, sino que se transmiten, como regalos y herencias culturales y afectivas, conformando así un cierto tipo de capital bio-cultural, es decir, un recurso de sanación. La sobremesa no tiene traducción literal a otros idiomas. Es un concepto que define una medicina inherente a nuestra cultura. 

     

    Lisa Rankin, MD, autora del bestsellerMind over Medicine” propone un modelo holístico de salud, que se complementa al de la antropología, en donde la salud es parte de un sistema con múltiples dimensiones que logran un balance entre sí (salud física, salud mental, relaciones, finanzas, ambiente, sexualidad, creatividad, espiritualidad, entre otras). Pueden ver su charla TED aquí, y el gráfico de su modelo integral de salud aquí. 

    Comer, hablar y escuchar sin juzgar 

    ¿Qué tienen que ver las emociones y la comunicación con comer sano? En mi experiencia como mediadora de conflictos, practico constantemente el reconocer y distanciarme de la crítica y la auto crítica, para hacer funcionar a las palabras como herramientas de sanación. La mediación no es una ciencia, es un arte que involucra combinar palabras de maneras que podrían considerarse “mágicas.” Agregue a una combinación adecuada de silencios y palabras, unas gotas de fe, y una pizca de intuición, y observe cómo una persona que se encuentra furiosa, defensiva o violenta, se transforma en un ser relajado y receptivo, que se abre para confesar sus verdades más profundas e intrincadas.

    Suena complicado pero es muy sencillo. El secreto consiste en escuchar con atención sin juzgar—un proceso conocido como escucha activa. Escuchar requiere estar presente en el momento con la otra persona, tanto en los silencios que transmiten su tristeza o desconfianza, como en los estruendos que confieren su ansiedad, su temor o su rabia.

    Prestar atención plena al momento presente, de manera intencional, sin juzgar es la definición de “mindfulness”. La meditación (y también la mediación) nos enseña a observar y sentir, de manera intencional, con curiosidad y aceptación, sin evaluar o tratar de corregir, nuestros pensamientos, emociones y sensaciones. Por eso escuchar es una forma de meditar y también un requisito para mediar conflictos.

    La clave de la escucha activa es la empatía. Yo regalo empatía (administro la medicina) cuando observo sin evaluar, y nombro (digo, verbalizo, y así externalizo) los sentimientos que confiere mi interlocutora mediante sus palabras, tono y lenguaje corporal. Mi atención a sus sentimientos y sus necesidades (in)satisfechas subyacentes, me conecta con ella a un nivel humano, no intelectual o analítico.

    1. Escuchar y observar sin evaluar y 2. conectar con sentimientos y necesidades es el proceso para sanar las relaciones humanas que enseña el método de la comunicación no violenta. Evaluaciones, condenas, críticas, análisis, diagnósticos y comparaciones son algunas prácticas que bloquean la empatía, ya que nos re-conectan con la mente y la razón, y a su vez nos alejan de las emociones, los sentidos, y el reconocimiento de necesidades, o sea, nos alejan del cuerpo y del corazón.

    Los alimentos pueden sanar de manera similar a las palabras. Un sin-número de evaluaciones, críticas, análisis, diagnósticos y condenas se agregan hoy en día a la comida mediante etiquetas, medidas, y dietas restrictivas. Todos estos pensamientos, creencias, juicios y prejuicios nos desconectan de las necesidades humanas que nuestro cuerpo satisface mediante el proceso de alimentación. Más aún, estas evaluaciones morales que agregamos a los alimentos, las proyectamos directa o indirectamente a quienes consumen los alimentos—ya sea a nosotros mismos o a los demás. En la alimentación y en la comunicación, la empatía es fundamental para sanar.

    El modelo de “alimentación intuitiva” se acerca mucho a la comunicación no violenta, en que nos anima escuchar, de manera intencional sin juzgar, a las señales del cuerpo (hambre, saciedad, cansancio, ansiedad, etc.) y responder a su llamado para atender de forma eficaz y óptima a nuestras necesidades. Cuando dejemos de identificarnos con aquellas voces que incesantemente repiten evaluaciones (bueno-malo, saludable-tóxico), análisis y cálculos (calorías, nutrientes, ingredientes), y nos regalemos una dosis de empatía, podremos escuchar con más claridad al llamado de nuestro cuerpo para nutrirnos de acuerdo a lo que éste pide y necesita.

    Aquí algunos artículos y recursos de referencia que dan cuenta de la sabiduría del cuerpo para comunicar nuestras necesidades alimenticias:

    Cómo el sabor conduce a la nutrición – WSJ

    Habituación de alimentos – Por qué deberías dejar a tus hijos comer todo el caramelo de Halloween que deseen – Bon Appetit

    Mente sobre comida – cómo influyen las creencias y las emociones en el proceso de digestión– Instituto de la psicología de alimentos

    10 principios de la alimentación intuitiva – Intuitive Eating

    Mindful eating, alimentación presente

    Para iniciar este proceso, en este taller practicamos un ejercicio de alimentación consciente/presente o “mindful eating”. A través de este ejercicio conectamos con nuestros sentidos para distinguir colores, sabores, olores y sensaciones que producen distintos tipos de alimentos. Además de descubrir nuevos sabores,“comer del mismo plato”, permitió reconocer la enorme diversidad de emociones y necesidades que expresaron lxs participantes respecto a un mismo alimento. Aceptación, valoración, reconocimiento de diferencias y emociones sucedieron en un mágico momento de transmisión y ejercicio de empatía alimentaria.

    Gracias a todxs los participantes por contribuir y co-crear este espacio de sanación. Por muchos más años de aprendizajes sobre comidas y palabras curativas ¡Salud!

    Pilar Egüez Guevara