• Encoque, curao, frontera: historias de licores, decencia y baile (Esmeraldas)

    January 21, 2014
    Isla de Limones

    Isla de Limones

    En una escapada super oportuna de temperaturas de 30 C bajo cero en Champaign Illinois, viajé con mi amigo Jud en plan visita antropológica a la cálidamente invernal Esmeraldas por una larga semana. Para alguien con tan poca cultura alcóholica como yo, el tema licores fue uno de los puntos altos del viaje.

    A los pocos dias de llegada a Esmeraldas, nuestro amigo Anthony Quintero y el Jud -ya muy bien iniciado en su estancia previa- me introdujeron a los placeres del “encoque”: una mezcla de aguardiente “Frontera” y agua del coco tierno o pipa.

    El encoque se fabrica artesanalmente mezclando la Frontera y el agua de coco en proporciones siempre diferentes que producen sensaciones igualmente deliciosas. Anthony conoce la “hueca” donde venden el encoque preparado al momento, envasado en botellas de Frontera. Sospecho que también se vende encoque “enfundado” en bolsas plásticas transparentes pequeñas, cómo el que nos ofrecieron las amigas Yomaira y Solangi el día de cumpleaños del Jud–festejado como se debe: con torta, baile, una paila gigante de arroz con camarón, cerveza, encoque y caja parlante sonando salsa dura al máximo volumen posible.

    El agua de coco es conocida por su aporte de electrolitos (minerales como el potasio, sodio y magnesio) con alto efecto hidratante, hoy muy de moda entre deportistas y “foodies” en el país que vivo (Estados Unidos). Pero entre los tomadores de Esmeraldas, sus bondades se aprecian por motivos distintos, ya que dicen que el encoque no da chuchaqui (resaca)… de lo que efectivamente pudimos dar fe a la mañana siguiente. 🙂

    Otra deliciosa novedad para los extranjeros en Esmeraldas fue el “curado de grosellas”. Lo descubrimos en casa de Anthony el día del encoque con guitarreada de canciones enterradas en mi memoria de juventudes en Ecuador.

    Siguiendo la tradición de su abuela, Anthony fabrica su “curao” casero: grosellas y azúcar en una botella grande de cristal tapada. Las grosellas sueltan lentamente su jugo por efecto del azúcar, y con el paso del tiempo los fermentos transforman el azúcar en alcohol y un arcoiris de vitaminas B. El descubrimiento demandó una visita obligatoria a la casa de la abuela Nancy.

    En su colección de licores caseros había guarapo en barril (jugo de caña fermentado), y variedades de curado en botellas “gigantes” de whisky y cinzano: grosella sola, y grosella con mamey cartageno de diversos colores que reflejan los distintos estados de fermentación. Degustamos los etílicos manjares mientras oíamos historias del abuelo Gualberto y sus platos favoritos esmeraldeños.

    Después de unos días en Esmeraldas, emprendimos viaje a la Isla de Limones en compañía de Hugo Quiñones, integrante del grupo Bambuco e incansable promotor de la cultura Afro-Esmeraldeña. La ruta es hora y media desde Esmeraldas (en carro) hacia el norte hasta La Tola y de ahi unos 30 minutos en lancha hasta Limones.

    En el puerto de Limones

    En el puerto de Limones

    Ahi conocimos a Elieser Solis, y aunque fueron solo dos días, parece que fuera pana de años. Elieser es bailarín de los duros, como dice él. Es profesor e integrante de un conjunto de baile y música tradicional Esmeraldeña y un activo gestor cultural en Limones. En las tardes se lo puede encontrar en el malecón dirigiendo un numeroso grupo de mujeres en la bailoterapia de ritmos tan variados como el merengue, la marimba, la salsa, y la cumbia y muchos otros.

    Elieser, el mejor guía

    Elieser, el mejor guía

    Después de dar la vuelta de reconocimiento la noche de la llegada, Elieser nos confesó que no habia aceptado nuestra invitación a merendar porque había sentido el irresistible aroma de un “tapao arrecho” que salía de la casa donde se iba a servir por motivo de la rumba dominguera–léase trago y baile en la calle al son de una caja parlante a todo volumen (al tradicional estilo de Esmeraldas). Nos colamos en la rumba (al tradicional estilo de Ecuador) donde Elieser me introdujo al arte del baile de la “salsa urbana”–toda una novedad para mí a pesar de los años de salsa que cargo arriba–pero también a lo que podrían llamarse “normas básicas de etiqueta y buenos modales del chupe” en Limones.

    Marimberos (Hugo y Jud)

    Marimbistas (Hugo y Jud)

    El baile solo empezó, como nos había advertido Elieser, cuando los presentes estuvieron “entonados”, unos con cerveza, otros con Frontera, y otros mezclando. En la calle de tierra frente a la casa anfitriona nos sentamos en  grupo Hugo, Elieser y yo (Jud se lo perdió porque esa noche estaba “ojeado” -tema de un posible futuro post). Estábamos al frente y un poco lejos de un grupo de chicos (todos hombres) y frente a ellos otro grupo de solo mujeres, de tal forma que los visitantes éramos, un poco, el foco de atención. Empezamos tomando cerveza servida en vasito plástico en poca cantidad, rotando, mientras sonaban los temas de salsa urbana predilectos de los presentes. Cuando el cuerpo empezaba a “entonarse,” un plato del contundente “tapao arrecho” lo equilibró de nuevo para empezar otra vez y con más gusto el ejercicio intercalado de cerveza con baile.

    "Yo quiero mi tapao, que esté bien sazonao" reza un tema de Bambuco

    “Yo quiero mi tapao, que esté bien sazonao” reza un tema de Bambuco

    Este sustancioso caldo es una variante del tradicional tapado esmeraldeño (un caldo de plátano verde, pescado, aliños y “montes” o yerbas de la zona – chirarán y chillangua) pero se lo hace con todos los tipos de carne disponibles. El de esa noche tenía pollo, cerdo, chorizo y pescado. Dicen que es “arrecho” por sus efectos afrodisíacos. Esa noche por lo menos tuvo efectos desinhibidores ya que después del caldo, uno de los chicos se atrevió a “cruzar la frontera” hacia los extraños para ofrecernos un trago del mismo nombre. Primero tomó Elieser, luego Hugo y al final, y ante la enorme espectativa del público presente, le ofrecieron a la extranjera. Como no me dieron vaso, hice lo que ví: me empiné la botella de Frontera y di las gracias. El amigo se emocionó tanto que yo realmente no entendí porqué. Resulta que mi ignorancia en temas de etiqueta etílica había causado un verdadero escándalo, sobre todo entre el publico femenino presente. Según mi profe Elieser, las mujeres en Limones (y Esmeraldas?) no toman Frontera, sólo los hombres. Solo la cerveza y el whisky son aceptables para  nosotras. ¡Mucho menos se tolera empinarse una botella! En el caso que me atañe, me explicó Elieser, debí pedir que me sirvieran el trago en un vaso. Aceptando el trago de esa manera, había delatado mi condición de extranjera y aun peor, había quedado como mujer “poco decente” para los estándares Limoneños. Aún así, mi “falta de decoro” no fue motivo de discrímen alguno por parte de los chicos al momento del baile, aunque, para mi tristeza, el profe no aprobó del todo mis esfuerzos por bailar la salsa urbana: quedó pendiente una próxima lección.  😉

    Hugo, Jud y Elieser - mis guardaespaldas. ;)

    Hugo, Jud y Elieser – mis guardaespaldas. 😉

    De vuelta en Quito, se extraña el encoque, la salsa urbana y los buenos nuevos amigos. Intenté aplacar mi nostalgia en una nueva salsoteca, sin mucho éxito. No hubo salsa urbana, si no una salsa más bien, digamos, intelectual. Todos bailaban igual, haciendo maromas de brazos en el aire y dando muchos giros en linea recta. Nada como la salsa urbana que se baila suelto, porque si no, como dice Elieser, no sabes bailar. No me ensucié los pies y las chanclas de tierra y lodo, y tampoco sudé bailando ni una gota. Todo estaba demasiado limpio y congelado: iba bien con la ropa planchada, el maquillaje, el pelo alisado y los tacones de l@s (pelucon@s) bailador@s. En vez del tapado, me sirvieron un moderno “dip” de alcachofas con pan “pita”, y nadie vino a ofrecerme Frontera o a invitarme a bailar… La Brahma “light” y el “dip” me dieron dolor de panza, así que decidí ir a “reconchar” (rematar la noche, en buen esmeraldeño) a la densa “zona” (la Mariscal) con mi amigo Francisco Delgado (Panty) en su escuela-bar choteño “Ritmo Salvaje”. En medio de bailadores bien entonados, reggetón, salsa urbana, hip hop y bachata, recordando viejos tiempos con el Panty, me sentí, por fin, un poco más en casa y a la vez más cerca de Esmeraldas…

    Para rematar sobre tema de los licores que curan, puedo decir que en este viaje, los estómagos de un gringo y una quiteña residentes en gringolandia verificaron la efectividad de las “puntas” (aguardiente de caña) como regulador digestivo y potente anti-parasitario, especialmente después de pegarse comidas tan irresistiblemente densas como un encocado de concha, uno de guanta, o unos huevos de dorado en la hueca de meriendas que conoce Anthony… Agua de coco y puntas: 100% recomendable!

     

    Pilar Egüez Guevara
    Enero 2014